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INFECCION URINARIA |
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1. INTRODUCCIÓN
Las infecciones del tracto urinario (ITU)
constituyen una de las entidades clínicas más prevalentes, estimándose que de un
20 a un 35% de las mujeres presentan al menos un episodio de ITU a lo largo de
su vida 1 .
Puede afectar a individuos de cualquier edad y condición, con una especial
incidencia en mujeres de cualquier edad, hombres en edades extremas de la vida,
receptores de trasplante renal y en pacientes con cualquier anomalía estructural
o funcional del tracto urinario 2 .
De forma adicional, la ITU constituye la principal causa de sepsis en pacientes
hospitalizados y hasta un 50% de las infecciones nosocomiales tienen su origen
en el tracto urinario, en relación en su mayoría con catéteres urinarios 3, 4 .
Un 10-15% de los enfermos incluidos en programa de hemodiálisis llegan a esta
situación como consecuencia de infecciones urinarias de repetición 5 .
Por lo expuesto es fácil entender que las ITU llevan implícita una morbilidad
importante, una mortalidad no despreciable y un coste económico elevado.
En la última década la búsqueda de regímenes terapéuticos que permitan un mejor
cumplimiento, un menor coste y una menor incidencia de efectos adversos ha
supuesto una importante innovación en el manejo del paciente con ITU.
2. CONCEPTOS Y CLASIFICACION
El término infección urinaria engloba
diversas entidades clínicas caracterizadas
por la colonización e invasión del tracto urinario por microorganismos
patógenos. La clasificación de las ITU se basa en la localización y
frecuencia de la infección, así como en factores que pueden complicarla.
La pielonefritis o infección del tracto urinario alto afecta al riñón y
pelvis renal, en tanto que la cistitis, uretritis, prostatitis y
epididimitis quedan catalogadas como infecciones del tracto urinario bajo.
A su vez una ITU puede clasificarse como no complicada o complicada; la ITU
no complicada afecta a individuos que tienen un tracto urinario estructural
y funcionalmente normal. Por contra, una ITU complicada implica la
existencia de factores del huésped que pueden promover la persistencia o
recurrencia de la infección, tales como embarazo, anomalías estructurales o
funcionales del sistema excretor, una infección adquirida en el hospital,
manipulación reciente de la vía urinaria, diabetes mellitus, estados de
inmunosupresión (incluyendo infección por VIH), enfermedad renal
poliquística y uso reciente de antimicrobianos
7 .
La recurrencia de una ITU puede obedecer a recidiva o reinfección; una
recidiva es una infección recurrente producida por el mismo microorganismo,
que acontece por regla general en las dos semanas que siguen a la conclusión
del tratamiento antimicrobiano; una reinfección es producida por especies
diferentes de cepas microbianas y de forma habitual ocurre más allá de dos
semanas de la finalización del tratamiento.
La bacteriuria significativa denota la presencia de más de 10* E5 bacterias
patogénicas por mililitro de orina, con o sin síntomas. La bacteriuria
asintomática es una bacteriuria significativa sin manifestación clínica.
La piuria representa un marcador de bacteriuria significativa y se define
como un recuento en orina de más de 10 leucocitos/mL en una cámara
cuentaglóbulos o, de forma menos precisa, un recuento superior a 6
leucocitos por campo mediante objetivo de alto aumento.
4. PATOGENIA
La patogénesis de la ITU puede ser considerada teniendo en cuenta dos aspectos: factores de virulencia dependientes del microorganismo y factores dependientes del huésped.
4. 1. VIAS DE ACCESO
El mecanismo habitual de producción de una
ITU es el ascenso de gérmenes desde la uretra y tejidos periuretrales a la
vejiga (cistitis) y riñón (pielonefritis)
23,
24 . Menos de un 3% de los casos de ITU y pielonefritis obedecen a
infección hematógena
25 . En condiciones normales la orina y las vías urinarias son
estériles. El primer paso en la patogénesis de una ITU es la colonización de
la uretra distal y vestíbulo vaginal por microorganismos patógenos. El
reservorio de estos gérmenes es el tracto gastrointestinal, debido a la
proximidad, en la mujer, del ano a la uretra.
En la mujer la uretra es corta y permite el paso de gérmenes hacia la
vejiga, en especial durante el coito; en el varón la uretra tiene mayor
longitud y junto a las propiedades bactericidas de la secreción prostática
se evita el ascenso de microorganismos.
4. 2. FACTORES DE VIRULENCIA
Existen cepas específicas de E. Coli con
capacidad potencial para invadir el uroepitelio y causar ITU. Sólo ocho de
los más de 170 serotipos de antígeno lipopolisacárido O (O1, O2, O4, O6, O7,
O16, O18 y O75) son responsables del 80% de los episodios de pielonefritis
aguda comunitaria
26,
27 . Estos antígenos somáticos se asocian con los serotipos capsulares
K1, K2, K5, K12, K13. Las cepas patogénicas también poseen otros factores de
virulencia tales como producción de aerobactina (secuestro de hierro) y
hemolisina
28,
29 . Proteus sp, otros bacilos gramnegativos entéricos y Staphylococcus
saprophyticcus sintetizan la enzima ureasa, favoreciendo la generación de
cálculos renales.
El mecanismo de colonización de E. coli más importante está basado en la
presencia en el uroepitelio de receptores específicos para la fijación de
serotipos del gérmen provistos de filamentos de naturaleza proteica (pili o
fimbrias). Proteus y Klebsiella sp pueden fijarse también al uroepitelio al
igual que Staphylococcus saprophyticus. Se conocen diferentes tipos de
fimbrias pero la mejor estudiada es la fimbria P (denominada así por su
similitud estructural con componentes de los glucoesfingolípidos neutros,
que constituyen los antígenos del grupo sanguíneo P). Se sabe que la
adherencia de las fimbrias a las células del epitelio urinario puede
bloquearse en algunos casos mediante la adición de manosa. Las fimbrias P, a
diferencia de otras, son resistentes a la manosa y existe una fuerte
asociación entre este tipo de fimbrias y cepas de E. coli productoras de
pielonefritis, en especial en las formas bacteriémicas
30 .
Los antígenos del grupo sanguíneo ABO pueden estar relacionados con la
adherencia de las fimbrias al epitelio urinario, ya que se ha demostrado que
los individuos que tienen anticuerpos contra el antígeno B (grupo A o O)
tienen una mayor resistencia a la infección urinaria que los que no tienen
los mencionados anticuerpos (grupo B o AB)
31 .
4. 3. FACTORES DEPENDIENTES DEL HUESPED
El mecanismo de defensa de la vejiga de
mayor eficacia es la dilución de los gérmenes por el efecto del flujo de
orina y su eliminación periódica con la micción. La interacción entre el
vaciamiento de gérmenes durante la micción e integridad de los mecanismos
antirreflujo, la presencia de sustancias bacteriostáticas en la orina y los
mecanismos de defensa intrínsecos de la mucosa vesical son determinantes en
impedir el desarrollo de una ITU. Llegados a este punto es fácil comprender
como situaciones en las que el vaciamiento vesical es incompleto (orina
residual), el reflujo vesicoureteral, la presencia de cuerpos extraños o
litiasis y lesiones inflamatorias preexistentes van a favorecer el
establecimiento de una ITU.
El descenso del pH urinario, las variaciones amplias de la osmolaridad y, en
menor grado, el aumento en la concentración de urea o de ácidos orgánicos,
la presencia de proteínas con efecto antibacteriano (lisozima,
inmunoglobulina G y A) y los niveles bajos de glucosa afectan negativamente
la velocidad de crecimiento de los gérmenes
32 .
Es probable que la proteína de Tamm-Horsfall favorezca la eliminación de
bacterias adherentes en tracto urinario
33 .
En infecciones de las vías urinarias altas la medula renal es más
susceptible que la corteza, posiblemente en relación con las elevadas
concentraciones de amoníaco, el reducido flujo sanguíneo en esta región, el
retraso en la movilización de leucocitos y la hipertonicidad
34,
35 .
Aunque las barreras mecánicas y físicas son determinantes en impedir el
desarrollo de una ITU, la producción local y sistémica de anticuerpos contra
las bacterias patógenas, en especial frente al antígeno O, juega un papel
protector frente a la infección ascendente y hematógena
36,
37 . También es posible que la infección bacteriana estimule una
reacción autoinmune contra tejidos renales, favoreciendo la progresión del
daño tisular una vez que la infección ha sido erradicada
38 .
Evidencias recientes han sugerido que las células epiteliales del tracto
urinario producen citokinas proinflamatorias en respuesta a la infección por
E. coli. Se ha demostrado una correlación entre niveles de IL-8 y número de
neutrófilos en orina, sugiriéndose que IL-8 actúa en la quimiotaxis de
neutrófilos durante la ITU
39 . También existe una relación entre niveles elevados de IL-6 e IL-8
en orina y disminución de la capacidad de concentración renal
40 . En un futuro se aclarará la implicación de las citokinas y su valor
predictivo en identificar pacientes con riesgo de daño renal.
5. ETIOLOGIA
La flora normal de la uretra distal está
formada por estafilococos coagulasa negativo (con excepción de
Staphylococcus saprophyticus), difteroides (Corynebacterium sp),
estreptococos no hemolíticos, Lactobacillus, Mycobacterium smegmatis, y
microorganismos anaerobios. En ocasiones, de forma transitoria, puede
encontrarse E. coli u otros bacilos gramnegativos.
La orina es un excelente medio de crecimiento para muchos microorganismos.
Sin embargo la mayoría de las ITU están producidas por un grupo limitado de
patógenos y el 95% de las infecciones están producidas por una única especie
bacteriana. E. coli es el microorganismo responsable de más del 80% de las
ITU no complicadas. Las restantes están producidas por otras enterobacterias
(Proteus mirabilis, Klebsiella sp) y S. saprophyticus. Proteus mirabilis es
particularmente frecuente en niños varones, al parecer debido a que coloniza
el saco prepucial. Produce una ureasa que descompone la urea en amonio, el
cual fija iones H y la orina se alcaliniza, favoreciendo la generación de
cálculos de estruvita. Klebsiella sp y S. aureus pueden también producir
ureasa. S. saprophyticus es el segundo agente en orden de frecuencia,
produciendo un 5-15% de las cistitis agudas no complicadas en la mujer
joven, con una incidencia estacional elevada a finales del verano y otoño
41 .
Los estreptococos del grupo B causan ITU en recién nacidos y en embarazadas.
En el paciente hospitalizado y portador de catéter urinario crónico existe
una gran proporción de infecciones por Proteus, Klebsiella y Enterobacter
spp, Pseudomona aeruginosa, estafilococos y enterococos .
Adicionalmente Providencia, Morganella, Citrobacter y Serratia spp se aislan
en urocultivos de pacientes ancianos. S. aureus y S. epidermidis producen
infección en enfermos con sonda uretral permanente. S. aureus puede afectar
al riñón y producir abceso renal en el curso de una bacteriemia procedente
de un foco distante. Salmonella spp puede producir infección por vía
hematógena en pacientes que reciben esteroides, especialmente en enfermos
con lupus eritematoso sistémico y en receptores de trasplante de órgano
sólido. Los gérmenes anaerobios rara vez producen ITU y su aislamiento en
cultivo puede representar una contaminación.
Los virus son raramente responsables de ITU, aunque ciertos serotipos de
adenovirus se han implicado en la cistitis hemorrágica del niño. En la
infección sistémica por citomegalovirus la afectación renal es casi
constante.
Candida sp puede aislarse en la orina como resultado de una infección
ascendente o colonización renal en el curso de diseminación hematógena. La
infección ascendente suele ser asintomática y ocurre en enfermos diabéticos,
portadores de catéteres urinarios y en los que han recibido antimicrobianos
previamente.
El hallazgo de múltiples microorganismos en una muestra de orina
frecuentemente refleja contaminación, a menos que el paciente tenga factores
de riesgo para el desarrollo de una infección complicada
43 .
Es necesario recordar que el denominado síndrome uretral agudo puede ser
resultado de la infección por Neisseria gonorrheae, C. trachomatis, virus
del herpes simple y Ureaplasma urealyticum.
6. ANATOMIA PATOLOGICA
La cistitis es, por regla general una
inflamación superficial de la pared vesical, caracterizada por aparición de
edema e hiperemia de la mucosa. Si la infección progresa pueden aparecer
hemorragias focales o difusas y exudado
purulento.
En los casos de pielonefritis la severidad de las lesiones agudas puede
variar ampliamente, desde casos con afectación de la mucosa pélvica
(pielitis) a afectación global de lóbulos de médula y corteza.
Macroscópicamente los riñones de enfermos con pielonefritis aguda grave
están aumentados de tamaño, con abcesos en la superficie capsular, corteza y
medula. Microscópicamente existe afectación parcheada tubulointersticial,
con infiltración neutrofílica predominante y, en casos de formación de
abcesos, fenómenos de necrosis tubular. Los glomérulos suelen estar
respetados. A medida que la curación tiene lugar el exudado inflamatorio
pasa a ser predominantemente mononuclear con formación de tejido de
granulación y colágeno. Ocasionalmente se forman cicatrices fibrosas, más
patentes en casos de nefropatía por reflujo
.7. CLINICA
Las manifestaciones clínicas de la ITU son
variables y dependen de la edad del paciente y localización de la infección.
Puede ser asintomática y manifestarse por bacteriuria en el urucultivo.
La cistitis se caracteriza por aparición de disuria, polaquiuria y micción
urgente (síndrome cistítico). Algunos pacientes pueden manifestar tenesmo,
dolor suprapúbico que aumenta con la micción (estranguria), y hematuria. La
fiebre y otras manifestaciones sistémicas son raras. Sin embargo hasta un
30% de los pacientes con bacteriuria significativa y clínica de cistitis
tienen una infección urinaria de vías altas.
La pielonefritis aguda se manifiesta clínicamente por escalofríos, fiebre,
dolor lumbar, náuseas, vómitos, disuria y polaquiuria. Tanto la palpación
renal como percusión en el ángulo costovertebral son dolorosas.
En ancianos e inmunodeprimidos los signos y síntomas de afectación renal
pueden ser escasos. A pesar de que la bacteriemia puede estar presente en un
10-25% de los enfermos, la aparición de shock séptico es poco habitual y
cuando aparece debe descartarse complicación obstructiva.
La prostatitis aguda afecta a adultos jóvenes o a enfermos portadores de
sonda uretral permanente. Se presenta clínicamente con fiebre, escalofríos,
estranguria y dolor perineal. En el examen clínico el tacto rectal muestra
una próstata grande y dolorosa. Debe evitarse un masaje vigoroso por el
riesgo de bacteriemia. En la prostatitis crónica los síntomas pueden ser más
difusos y la próstata es frecuentemente normal en el examen rectal.
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Pielonefritis enfisematosa
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Mencionaremos a continuación diversas complicaciones supurativas de la ITU (tabla
2),que deben ser consideradas en enfermos que fracasan en responder al
tratamiento convencional.
Una de las formas peculiares de uropatía obstructiva a tener presente es la
necrosis papilar aguda, especialmente en pacientes diabéticos y en
consumidores crónicos de analgésicos.
La pielonefritis enfisematosa es una entidad grave caracterizada por
necrosis isquémica del parénquima renal con infección por gérmenes
productores de gas, que incide de un modo especial en ancianos con diabetes
mellitus.
En la pionefrosis existe infección del parénquima renal con hidronefrosis
secundaria a obstrucción ureteral.
La nefritis bacteriana focal denota un proceso infeccioso caracterizado por
inflamación renal localizada.
Los abcesos renales y perinéfricos
44 representan dos formas infrecuentes de infección parenquimatosa y
suelen acontecer en pacientes con omplicaciones obstructivas (litiasis) y,
con menor frecuencia ser el resultado de la infección de un quiste renal. Se
localizan en la unión corticomedular y su presentación clínica, a diferencia
de la pielonefritis aguda, es más insidiosa, con fiebre prolongada y
síntomas constitucionales asociados o no a dolor lumbar y en flanco.
Los abcesos corticales son cuadros secundarios a la diseminación hematógena
de una infección por S. aureus. Cuando los abcesos corticales confluyen
forman el antrax renal, que puede romperse a las vías urinarias o hacia el
espacio perinéfrico.
Finalmente la pielonefritis xantogranulomatosa hace referencia a un proceso
inflamatorio crónico del parénquima renal que acontece en pacientes con
episodios recurrentes de ITU, a menudo complicadas con litiasis o uropatía
obstructiva. Puede confundirse con neoplasia renal y el rasgo histológico
característico es la presencia de macrófagos cargados de lípidos